Desde su creación en los años cincuenta, la Unión ha establecido lazos de unión con el resto del mundo gracias a una política comercial común, a la puesta en marcha de ayuda a los países en vías de desarrollo y a la formalización de acuerdos de comercio y de cooperación con países o grupos regionales de países, que incluyen programas de financiación.
A partir de los años setenta, la Unión ha proporcionado ayuda humanitaria a las poblaciones necesitadas.
Para responder a los retos de la estabilidad y de la seguridad en el mundo y para extender el clima de paz más allá de sus fronteras, la Unión puso en marcha a partir de 1993, con motivo del Tratado de Maastricht, una « política exterior y de seguridad común» (PESC) que le permitiera entablar una acción conjunta cuando los intereses de la Unión en su conjunto estuviesen en juego.
Como consecuencia de los conflictos en los Balcanes y en África en los años noventa, el capítulo « defensa » se convirtió en una de los aspectos más importantes de la PESD, en el marco general de la PESC. En la actualidad, la PESD permite el envío de contingentes militares o de policía a las zonas en crisis para realizar acciones humanitarias, de mantenimiento de la paz y de reconciliación de las partes en conflicto.
La UE coopera estrechamente con otros países y organizaciones internacionales para luchar contra el crimen internacional, el tráfico de drogas, la inmigración ilegal o incluso para afrontar -en un mundo cada vez más interdependiente- problemas planetarios como el medio ambiente o los recursos energéticos.
La UE defiende sus intereses económicos y comerciales en el ámbito internacional y, en particular, en las negociaciones que mantiene en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o en los acuerdos de comercio bilaterales con países o grupos regionales de países.
Los numerosos acuerdos que la UE ha concluido con sus socios no sólo afectan al comercio y a la asistencia financiera y técnica, sino también a las reformas económicas y otras tantas, así como al apoyo a los programas dedicados a las infraestructuras, a la salud y a la educación, los cuales también representan un marco para el diálogo político.
A pesar de esos avances, la UE no tiene todavía una política exterior común y carece de un único interlocutor en el ámbito mundial, situación que debilita su posición en el mundo.