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Contenido
- 2.1. Diversidad de las culturas socio-económicas
- 2.2. La repartición de los sueldos en la Unión Europea
- 2.3. El gobierno económico y social de la UE y de la UEM
- 2.4. El presupuesto europeo
- 2.5. Implicaciones del envejecimiento demográfico de Europa
- 1. El Euro
- 2. Las culturas socioeconómicas de la Unión Europea (UE)
- 3. Los valores y símbolos europeos
- 4. La UE en e Mundo
- 5. La ciudadanía europea
- 6. Diversidad cultural en la Unión Europea (UE)
- 7. Integración Política Europea
Preguntas de la búsqueda
Desarrollo del euro - 2. Las culturas socioeconómicas de la Unión Europea (UE)
2.5. Implicaciones del envejecimiento demográfico de Europa
2.5.1. ¿Cuál es la evolución demográfica de Europa en el mundo?-
"Pequeño cabo del continente asiático » (Paul Valéry), Europa ha visto cómo su peso demográfico en este continente ha disminuido en el siglo XX. El siguiente cuadro muestra este declive:
Población europea (Rusia incluida)
En % de la población de Asia
En % de la población mundial
1950
39
22
2000
20
12
2007
18,1
11,3
2050 (proyección ONU)
11
6,5
A lo largo de un siglo (1950-2050), el peso demográfico de Europa en el mundo ha disminuido de más de dos tercios. En cuanto a la población de la UE 27, ésta representa en la actualidad, con 492,3 millones de habitantes, el 7,4% de la población mundial (6.624 millones).
Si el peso demográfico de Europa parece disminuir ineluctablemente, teniendo en cuenta los bajos índices de natalidad de su población, no es ese declive cuantitativo el que constituye en la actualidad uno de los principales desafíos que debe afrontar la Unión Europea, sino el del envejecimiento de su población.
2.5.2. Evoluciones previsibles de la estructura demográfica europea a la vista de 2050-
El envejecimiento de la población, es a la vez el resultado del aumento de la longevidad, y del descenso de la natalidad que parecen acompañar de manera espontánea el progreso económico. Este se mide por el resultado de las « ratios de dependencia demográfica »: en el denominador figura la población en edad activa (población de edades entre 15 y 64 años); para la ratio “jóvenes”, el numerador representa la población de menos de 15 años; para la ratio “mayores”, la población de 65 años y más. La ratio total es la suma de las ratios “jóvenes » y « mayores »
Según las proyecciones demográficas establecidas por las Naciones Unidas y Eurostat, entre 2000 y 2050, la población total aumentará 70 millones en Estados Unidos y disminuirá 16 millones en Japón y 10 millones en la Europa de los Quince. La disminución de 10 millones en Europa encubre un aumento de 40 millones de la población mayor y una disminución de 12 y 38 millones de la población joven y en edad activa respectivamente.
El grupo de la población de 65 años y más en la población total pasaría así de 12 a 21% en Estados Unidos, de 17 a 30% en Japón y de 16 a 28% en la UE de los Quince, en la que a lo largo del período 1960-2050, la población joven pasará de 78 a 52 millones; la de edad activa pasará de 33 a 101 millones. Por lo tanto, mientras que en el punto de partida los jóvenes eran más del doble de los mayores (78/33), a la llegada hay dos veces menos (55/101). En cuanto a las ratios de dependencia demográfica, evolucionarían como sigue:
Ratios
Jóvenes
Mayores
Total
2000
2050
2000
2050
2000
2050
UE 15
0,26
0,25
0,24
0,47
0,50
0,72
Estados Unidos
0,32
0,31
0,19
0,35
0,51
0,66
Japón
0,22
0,29
0,24
0,57
0,46
0,86
La ratio "jóvenes", permanece más o menos estable (salvo en Japón) debido a que la población joven y la población en edad activa evolucionan casi paralelamente (a la alza en Estados Unidos y a la baja en la UE-15) entre 2000 y 2050. Pero la ratio « mayores » se multiplicará casi por dos en Europa, un poco menos en Estados Unidos y claramente más en Japón.
La ratio de dependencia económica indica el número de personas inactivas que deben soportar económicamente 100 personas ocupadas. Según las proyecciones, esa ratio pasaría, entre 2000 y 2050, de 72 a 93 en Estados-Unidos, de 62 a 116 en Japón, y de 85 a 124 en la UE-15.
Esas proyecciones incorporan hipótesis plausibles relativas a la evolución de los índices de fertilidad y de longevidad, así como el de las migraciones: en la proyección denominada central, cuyas cifras se reflejan aquí, la hipótesis es la de una inmigración neta de 600.000 personas por año para la UE-15, es decir el 1,6 por mil de su población.
2.5.3. ¿Se puede compensar el envejecimiento demográfico con la inmigración?-
La inmigración de jóvenes adultos debería poder mejorar, al menos por un tiempo, la relación entre la población mayor y la población en edad activa. En la zona euro, la ratio de dependencia demográfica basada en una población con edades de 60 años y más, sobre la población con edades entre 20 y 59 años, ha pasado en la zona euro, del 35,2% en 1990 al 38,7% en 2000 y alcanzará, según la proyección, el 72,9% en 2030, es decir que se habrá duplicado en 40 años.
¿Cuántos jóvenes adultos (menores de 30 años), necesita la zona euro para que en 2030 el valor de esa ratio sea el mismo que en 2000, es decir, de alguna manera, para poder frenar su envejecimiento en su nivel del año 2000? La respuesta es de 110 millones de 2001 a 2030, es decir, una media anual de 3,7 millones. Esta cifra representa el 1,3% de la población de la zona euro. En comparación con Estados-Unidos, tierra de inmigración por su historia y cultura, la cifra de inmigración neta en estos últimos años se sitúa alrededor de 900.000 por año, es decir, aproximadamente el 0,33% de la población total.
Suponiendo que los candidatos a emigrar a la UE o a la zona euro estén disponibles en esas cantidades, está claro que la absorción de tal masa de emigrantes se hará con enormes dificultades. A modo de comparación, durante una fase de fuerte emigración europea a Estados Unidos entre 1849 y 1854, dos millones de europeos (principalmente irlandeses y alemanes) llegaron a Estados Unidos, es decir, una media de 400.000 por año, todavía el 1.6% de la población estadounidense de aquel entonces que era de 25 millones. No hay duda de que África y Asia ofrecen una reserva, ilimitada a escala europea, de jóvenes adultos dispuestos a emigrar. Muchos de ellos llegan a Europa a través de circuitos clandestinos, soportando los riesgos que ya se conocen. La inmigración que proviene de esos continentes aumentaría sin duda si estuviese legalizada, al menos parcialmente, pero ello plantearía serios problemas de integración.
Hace algunos años, se planteó también la cuestión, sobre si la inmigración de jóvenes trabajadores de los países de Europa central y oriental no podría contribuir a resolver el problema del envejecimiento demográfico en Europa occidental. En 2000, la Comisión Europea contabilizaba en 335.000 por año (es decir un 1 por mil de la población de la UE-15) el flujo potencial de inmigrantes procedentes de los diez países candidatos después de su adhesión. Posteriormente, esta apreciación fue corregida a la baja. La primera cifra es, de todos modos, muy inferior a la que sería necesaria para frenar el envejecimiento de las poblaciones del oeste europeo. Esta solución, además, sólo conseguiría desplazar el problema a la UE-25, desde el momento en que los nuevos Estados miembros estarían ellos mismos enfrentados al problema del envejecimiento demográfico, ya que sus índices de natalidad experimentaron una fuerte disminución en los años noventa.
La inmigración, provenga de donde provenga, no es la panacea para afrontar el problema del envejecimiento en Europa. Y puede que tampoco sea el mejor medio para solucionar las penurias de mano de obra, tal como lo han sugerido las organizaciones patronales, mientras que en Europa subsista un desempleo que afecta de una manera desproporcionada a los inmigrantes (o a sus hijos) de origen extraeuropeo: en la mayoría de los países de la UE, la tasa de paro de los extranjeros no europeos es por término medio el doble de la tasa de paro total. Para resolver el problema específico de penuria de mano de obra, mejor sería concentrar los esfuerzos en la educación y la formación de los jóvenes, en particular de los inmigrantes de segunda generación, para sacarles del paro o impedirles que entren en él.
2.5.4. Posibles consecuencias del envejecimiento sobre la productividad y el crecimiento.-
Si el envejecimiento hace disminuir la relación entre la población activa y la población total (relación A/T) y no se compensa con un aumento de su índice de ocupación o de la productividad del trabajo, éste hará disminuir ipso facto la renta por habitante en relación a lo que hubiera sido si la relación A/T no hubiera cambiado. Sobre la base de las proyecciones del cuadro anterior, la renta per capita de la población de la UE-15 sería en 2050 en esta hipótesis, inferior al 13,4% de la que habría tenido si la relación A/T hubiera permanecido al nivel del año 2000. ¿La bajada de esta relación se ha compensado para anular o limitar sus negativas consecuencias económicas?
El crecimiento de la productividad del trabajo depende esencialmente de la evolución tecnológica y de los índices de acumulación de los factores de producción complementarios del trabajo, es decir, el capital físico (equipamiento) y el « capital humano » (nivel de educación y de formación), por lo tanto, del índice de inversión en el sentido más amplio. La reflexión económica no dice claramente en qué sentido, espontáneamente, el envejecimiento demográfico podría influir en esas dos variables. Por lo que se refiere a la evolución tecnológica, algunos pretenden que la población envejecida será menos dinámica y menos receptiva al progreso tecnológico y a las adaptaciones que ello conlleva. Otros afirman que la disminución creciente de la población y de la mano de obra joven, proporcionará el medio para aumentar la cantidad y la calidad de su « capital humano », y la hará más receptiva al progreso.
Por lo que se refiere a los índices de inversión en la economía, los modelos económicos tradicionales sobre el comportamiento del ahorro en función de la edad, que implican que se ahorra durante la vida activa y que se malgasta -« dilapidando su capital »- en la jubilación, llevan a la conclusión de que el índice de ahorro global en una población envejecida disminuye, lo cual puede perjudicar la inversión. Pero algunos objetan que esos modelos fueron formulados y verificados estadísticamente en la época del baby-boom, y que los temores actuales ante las consecuencias del envejecimiento de la población inducen a comportamientos diferentes e impulsan a la población activa, e incluso a los jubilados, a ahorrar más, ya sea por precaución porque tienen dudas sobre la viabilidad de los sistemas de pensiones, o por preocupación por legar a sus descendientes un patrimonio que les permitirá afrontar mejor las consecuencias del envejecimiento.
En consecuencia, sería imprudente contar con una aceleración espontánea de la productividad del trabajo a raíz del envejecimiento, pues bien podría darse el caso contrario. Pero esto no impide realizar políticas voluntariosas y tomar medidas para aumentar la inclinación por el ahorro y alentar la inversión en capital físico y humano. Otra variable sobre la que podría actuar la política es el índice de ocupación de la población en edad activa. Este índice ha tenido tendencia a disminuir, en particular en la franja de edades entre 55-64 años, desde mediados de los años setenta, especialmente en Europa, como consecuencia del aumento del nivel de vida, pero también de las políticas que, con fines de “remuneración social” por las pérdidas de empleos y de la pretendida salvaguardia de los empleos de los jóvenes, han fomentado continuamente el cese voluntario de la actividad (prejubilados) a través de incentivos fiscales y la Seguridad Social. Según la OCDE, la supresión de esas ventajas permitiría aumentar los índices de actividad en esta franja de edades de 8 a 10 puntos de porcentaje y de compensar así parcialmente la disminución de la relación A/T.



