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Contenido
- 2.1. Diversidad de las culturas socio-económicas
- 2.2. La repartición de los sueldos en la Unión Europea
- 2.3. El gobierno económico y social de la UE y de la UEM
- 2.4. El presupuesto europeo
- 2.5. Implicaciones del envejecimiento demográfico de Europa
- 1. El Euro
- 2. Las culturas socioeconómicas de la Unión Europea (UE)
- 3. Los valores y símbolos europeos
- 4. La UE en e Mundo
- 5. La ciudadanía europea
- 6. Diversidad cultural en la Unión Europea (UE)
- 7. Integración Política Europea
Preguntas de la búsqueda
Desarrollo del euro - 2. Las culturas socioeconómicas de la Unión Europea (UE)
2.1. Diversidad de las culturas socio-económicas
2.1.1. ¿Se puede hablar de un espacio socio-económico europeo?-
La diversidad de las culturas entre los Estados y regiones de la Unión Europea es grande, por razones históricas, lingüísticas, geográficas y climáticas. También varían mucho las estructuras económicas en ese espacio. Dichas diversidades aumentan con cada ampliación de la Unión.
Este fue especialmente el caso de las dos últimas ampliaciones. Antes de la ampliación del 1 de mayo de 2004, la Europa de los 15 constituía un espacio económico heterogéneo, pero que nada tenía que ver con, por ejemplo, otro gran espacio económico como Estados Unidos, quien cuenta asimismo con una importante diversificación en su producción de bienes y servicios y en su reparto de producciones en su territorio, lo cual hace que también presente disparidades en los sueldos y divergencias de coyuntura económica entre zonas geográficas.
La cuestión importante es saber si el proyecto europeo, mediante la adhesión de principio a objetivos económicos comunes que implica y los mecanismos de integración –gran mercado, libre circulación de las personas y de los bienes, moneda única, etc.- que aplica, puede reducir tales disparidades y hacer que converjan las culturas socio-económicas.
2.1.2. Filosofía económica del proyecto europeo: ¿qué dicen los tratados?-
El Tratado de Roma estipula –así como el Tratado de la Unión Europea, que lo recoge en su artículo 2– que « la Comunidad tiene la misión […] de promover un desarrollo armónico y equilibrado de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad… ». Por armónico, se entiende que la Comunidad tiene la misión de reducir las diferencias de sueldos entre las regiones ricas y pobres. Esto dio lugar a las financiaciones comunitarias a favor de un desarrollo regional, el segundo gasto comunitario más importante (30 % del presupuesto comunitario), después de la financiación de la política agrícola común (50 %).
El tratado de la Unión Europea (firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992) precisa, en el artículo 3.A.2, el objetivo de instaurar una política económica que sea “dirigida de conformidad con el respeto al principio de una economía de mercado abierta en la que la competencia sea libre”. Tras la Cumbre Europea de junio de 2007, la referencia al mercado abierto y a la libre competencia ha sido transferida a una nota a pie de página a petición de Francia.
En junio de 1993, el Consejo Europeo de Copenhague, habiendo discurrido sobre la problemática de la ampliación de la Unión a los antiguos países comunistas, estipuló que la adhesión de un nuevo país quedaría sujeta a unos requisitos previos (los “criterios de Copenhague”), de entre los cuales un “criterio económico: una economía de mercado viable así como la capacidad de enfrentarse a la presión competitiva y a las fuerzas del mercado en el interior de la Unión”;
Finalmente, el “Proyecto del tratado que establece una constitución para Europa” resultante de la Convención en julio de 2003 y firmado en Roma el 29 de octubre de 2004 precisa en su artículo 3 los objetivos de la Unión, y concretamente:
“2. La Unión ofrece a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad y justicia sin fronteras internas, y un mercado interior en el que la competencia es libre y no falsa.
3. La Unión trabaja por el desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, una economía social de mercado altamente competitiva, que tiende al pleno empleo y al progreso social, y un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente. Promueve el progreso científico y técnico.”
En algunos textos, la insistencia en los términos “economía de mercado” y “libre competencia” ha llevado a que algunos calificasen el proyecto europeo como “neoliberal”.
2.1.3. Economía de mercado, economía de libre empresa, capitalismo, neoliberalismo: ¿son sinónimos estos términos?-
En la perspectiva crítica sobre el capitalismo, se deben distinguir claramente tres campos:
el capitalismo –o lo que es lo mismo, economía de libre empresa o de mercado- como sistema de organización de las actividades económicas con el fin de producir y distribuir riquezas está considerado como imperfecto. Hace trabajar los intereses individuales para el bien común, pero no lo consigue de forma espontánea, y por consiguiente, debe ser enmarcado por instituciones políticas, por la sociedad civil y por reglas de buena conducta, tal y como repetía su promotor
Adam Smith*. Las opiniones son divergentes en cuanto al grado de encuadramiento deseado y en cuanto al peso de los objetivos de reequilibrio social en relación con los de la libre competencia.
La representación de una economía de mercado en un modelo o esquema simplificado a fines pedagógicos denominada modelo competitivo. Una de estas simplificaciones consiste en suponer una información perfecta en los actores del mercado, pero en realidad no lo es.
Hayek* y
Mises*, economistas de la escuela austriaca, han mostrado que el sistema capitalista es aquel que puede acomodarse mejor a una información imperfecta. Otra simplificación consiste en ignorar la interferencia de la voluntad colectiva en el funcionamiento de los mercados y en su resultado, pero el sistema no condena las manifestaciones de dicha voluntad.
El neoliberalismo, que es una ideología, esto es, un “conjunto más o menos sitematizado de creencias, ideas, doctrinas que influyen en el comportamiento individual o colectivo” (Diccionario Larousse). Esta ideología incurre en querer realizar el modelo competitivo, tomando el término en su sentido no ya esquemático sino de objeto a imitar. Trata de reducir al mínimo la intervención colectiva en la economía, privatizar al máximo los servicios públicos, derogar en la medida de lo posible la competencia. Como toda ideología, reduce e ignora las complejidades de la vida real con sus componentes nacionales y socioculturales. Persigue la ambición imperialista –al igual que antaño lo hizo la ideología comunista- de imponerse al mundo entero.
2.1.4. ¿Qué funciones desempeña el Estado en una economía de mercado?-
De acuerdo con la corriente económica tradicional, el Estado cumple tres funciones económicas (además de sus funciones en la justicia, seguridad, defensa nacional, etc.) en una economía de mercado:
la función de subsidio de los recursos, cuyo objetivo es enmarcar o modificar la afectación de los factores (trabajo, capital, energía, tierra) a la producción de varios tipos de bienes y servicios que opera espontáneamente el mercado, cuando el Estado considera que dicha afectación no es suficiente;
la función de redistribución, cuyo objetivo es corregir –mediante la imposición y el sistema de seguridad social- el reparto de salarios y riquezas que resulta de la actividad espontánea de los mercados de bienes, servicios y factores de producción;
la función de estabilización, cuyo objetivo es reducir las variaciones coyunturales de la actividad. Por ejemplo, cuando el clima económico es malo, el pesimismo reina y el individuo, no sabiendo lo que le depara el futuro (¿quiebra? ¿despido? ¿caída en bolsa?), decide prudentemente gastar menos y ahorrar más, la suma de esos comportamientos individuales “racionales” no produce el bien común, pues su efecto es el de deprimir la demanda global en la economía y de este modo podría agravar el marasmo. En tal caso, como recomendó John Maynard Keynes*, los poderes públicos deben intervenir para compensar la depresión de la demanda global de origen privado gastando más, o incitando a los actores privados a tener más gastos a través de reducciones de impuestos.
2.1.5. ¿Cuáles son las diferentes "culturas" socio-económicas que se pueden encontrar en Europa?-
A menudo se habla del “modelo social europeo”, pero la realidad es más compleja. El economista belga André Sapir* distinguió cuatro modelos sociales europeos, que se diferencian principalmente por la organización de la protección social y los modelos de regularización del mercado de trabajo:
el modelo nórdico (Países escandinavos y Países Bajos) se caracteriza por niveles elevados de gasto público para una cobertura social bastante amplia; los sindicatos son fuertes y el abanico de los sueldos es estrecho; los despidos son relativamente comunes, pero los poderes públicos intervienen de forma activa en los mercados de trabajo a través de medidas de acompañamiento y de reinserción laboral a los desempleados.;
el modelo anglosajón también denominado “ultra-liberal” (Irlanda y Reino Unido), por el contrario, tiene una cobertura social reducida y unos sindicatos más bien débiles; el abanico de salarios es amplio y la tasa de empleo es elevada, pero con muchos empleos de sueldo bajo;
en el modelo continental o "rhénan" (Alemania, Austria, Bélgica, Francia y Luxemburgo) los gastos sociales son fuertes y se fundamentan sobre el principio del seguro; la influencia de los sindicatos es importante; los despidos están muy enmarcados y los subsidios de desempleo son bastante generosos
por último, el modelo mediterráneo (España, Grecia, Italia y Portugal) combina unos gastos sociales elevados (sobre todo en pensiones) con unas medidas de protección de empleo y de fomento a la jubilación anticipada.
Se pueden apreciar los resultados de estos modelos en términos de eficacia económica (sobre todo bajo el ángulo de la creación de empleos) y en términos de equidad social (incidencia de la pobreza). Esquemáticamente, se puede decir que el modelo nórdico es superior, pues parece ganar en los dos campos; el modelo anglosajón crea empleos, pero a costa de una gran desigualdad en los sueldos; por el contrario, el modelo continental favorece un mayor equilibrio social, pero su rendimiento en términos de creación de empleos es decepcionante; por último, el modelo mediterráneo combina a la vez unas tasas de paro elevadas y una incidencia de la pobreza relativamente importante.
2.1.6. Una economía solidaria: ¿qué hay detrás de ese término?-
Quien dice “competencia” afirma que los actores económicos están en competencia los unos con los otros. Dicha competencia se ejerce a la vez entre individuos, que son vendedores y compradores de bienes y servicios en mercados más o menos libres, y entre clases socio-económicas en torno a la redistribución del sueldo nacional y de las políticas (especialmente las políticas fiscales) que la influencian. Este sistema genera necesariamente unos ganadores y unos perdedores ya que respeta las diferencias innatas entre individuos e inherentes a la eficiencia de las organizaciones. Un sistema competitivo en un mercado libre funciona como un examen relativamente objetivo. Mide la capacidad de los individuos y organizaciones para adaptarse a los cambios económicos inducidos por el progreso tecnológico y el desarrollo de intercambios.
La competencia económica no excluye la solidaridad social. Implica, por el contrario, la existencia de cierta “cohesión social”. Para que los perdedores no se conviertan en “marginados” o en excluidos cada vez más numerosos y que protesten contra el sistema, se deben reunir varios requisitos:
hacen falta mecanismos de compensación al menos parcial para los perdedores, de tal forma que puedan "seguir adelante" en el ámbito económico y recibir una nueva oportunidad en el siguiente turno;
hace falta que aquellos que ya no pueden formar parte de la competencia debido a su edad, al paro o a la salud puedan seguir activos en la vida social;
hay que evitar que las desventajas no se transmitan de una generación a otra y asegurar una "igualdad de oportunidades" que permita la movilidad social.
Las políticas de redistribución de sueldos a través de la fiscalidad, de seguridad social (pensiones de jubilación, subsidio de desempleo, salud) y de bienes y servicios públicos (educación, formación y reinserción profesional, transportes públicos) gratuitos o subsidiados, intentan cumplir con estos requisitos, y su extensión define el grado de solidaridaz del sistema.
2.1.7. ¿Por qué se le acusa a Europa de ser demasiado liberal?-
El Mercado Único, concebido y promovido por la Comisión Europea bajo la presidencia del socialista
Jacques Delors*, ha puesto en práctica el principio de la libre circulación de las personas, bienes y capitales. Esta libertad de circulación no se satisface únicamente mediante la abolición de los controles en las fronteras: también exige que las reglas de competencia no sean falseadas por intervenciones divergentes de los Estados miembros. Se estableció que las administraciones nacionales intervendrían para defender intereses nacionales a costa de esa libertad de acción de agentes económicos originarios de otros países de la UE. En realidad, esas intervenciones son sin duda alguna una de las razones por las que la abolición de fronteras y la adopción del euro no han engendrado las caídas económicas y sociales que se esperaban.
Por este motivo los tratados europeos insisten en la libre competencia y han creado unos mecanismos de verificación de su aplicación en el seno del Mercado Único. Esas referencias a la libre competencia no son por la tanto el reflejo de una voluntad política liberal, sino una manera de defender la libertad de circulación y de ser emprendedor en todos los países de la UE, sin distinción de origen nacional.
Si el sistema favorece a los países en los que las cargas sociales y fiscales son menos elevadas, se debe al rechazo de los Estados Miembros a armonizar esas políticas. De esta forma, Europa ofrece al ciudadano europeo la capacidad de escoger el sistema que prefiera y de no ser sometido a la imposición de los Estados en materia fiscal. También permite a las regiones o países más pobres hacer valer sus ventajas comparativas y alcanzar a los más ricos, lo cual está de plena conformidad con el principio europeo de desarrollo económico “armonioso”.
2.1.8. ¿Ha provocado la globalización confusión en los mapas?-
La globalización es irreversible pues "el progreso no se detiene". Al principio el progreso era tecnológico, lo cual provocó una caída del coste del transporte de mercancías (la invención del container hace 50 años) y de la información (telecomunicaciones). Luego llegaron los desarrollos político-económicos: ciclos de negociaciones comerciales internacionales para reducir las barreras a los intercambios; integración europea; adopción de la economía de mercado por el antiguo bloque soviético, China e India, entre otros. Este último cambio hizo que entraran en la economía mundial 2.500 millones de personas que antes no formaban parte de ello.
De ello salió una extensión considerable del ámbito del comercio internacional de bienes y servicios, tanto en extensión geográfica como en profundidad en términos del número de bienes y servicios en cuestión. La parte en las importaciones de productos manufacturados por los países desarrollados proveniente de países en vías de desarrollo era de 10% en 1970; ronda el 50% en 2007.
Esta globalización benefició sobre todo a los países en vías de desarrollo o “emergentes”, quienes gracias a la globalización pudieron valorar sus ventajas comparativas –especialmente una mano de obra abundante- y beneficiarse de este modo de un crecimiento económico más rápido. Los resultados de este crecimiento están repartidos de una forma muy desigual, pero permite a cientos de millones, incluso a miles de millones de personas, salir progresivamente de la miseria: China e India son buen ejemplo de ello. Por el contrario, el drama de muchos países africanos ha sido quedarse apartados de la globalización, debido a razones relativas a la liberalización asimétrica de los mercados (liberalización de los productos de industrialización, mientras que los productos agrícolas, que constituyen la mayor parte de las producciones africanas, siguen fuertemente subsidiados y sus mercados cerrados), a la falta de educación (40% de la población africana no tiene acceso a una educación básica de calidad), a la mala gobernanza (proteccionismo aduanero, corrupción e inestabilidad política) y al subdesarrollo de las infraestructuras del transporte.
En los países desarrollados, los ganadores son los productores de bienes y servicios que los países emergentes compran en cantidades crecientes, y sobre todo, los consumidores, quienes gracias a la globalización se han podido beneficiar de productos de comercio justo: por ejemplo, para la ropa de “baja gama”, la apertura de las fronteras europeas a los productos de la industria china, al provocar una bajada del precio de esa ropa, constituyó el equivalente de una inyección de poder adquisitivo del cual se ha beneficiado sobre todo la población de baja renta consumidora de este tipo de productos.
Pero también hay perdedores: son los trabajadores poco calificados de los países desarrollados y subdesarrollados. Han sufrido presiones a la baja en sus sueldos (especialemnte sensibles en países como Estados Unidos) y pérdidas de empleo (más fuertes en Europa, donde los sueldos son más rígidos a la baja). Su falta de educación hace que sean difíciles de reciclar en otra actividad cuando pierden su trabajo. La compensación al menos parcial de los perdedores por los ganadores, necesaria para que la globalización sea socialmente aceptable, tiene que llevarse a cabo no sólo mediante la protección de un cierto nivel de sueldo medio de la seguridad social, sino también mediante la mejora de los sistemas de enseñanza y de formación profesional, y mediante la asistencia a los desempleados en su búsqueda de un nuevo empleo.
2.1.9. ¿Cómo se ejerce la obligación de competencia global en las empresas y en los Estados europeos?-
Para las empresas, esa obligación se ejerce de forma muy desigual, según el tipo de productos que fabriquen. La industria alemana de bienes de equipamiento, concretamente las máquinas y herramientas, ha permanecido muy competitiva a pesar de los costes elevados de la mano de obra, debido a la calidad y a la variedad de sus equipamientos. Por lo tanto, ha visto cómo han crecido fuertemente sus exportaciones hacia países emergentes. Lo mismo ocurre con la industria farmacéutica europea, que utiliza una mano de obra generalmente muy cualificada. Otras industrias que utilizan una mano de obra poco cualificada no pudieron resistir la competencia de los países con sueldos bajos y a menudo fueron “deslocalizadas” en los países emergentes.
Pero muchas empresas europeas pudieron permanecer competitivas deslocalizando en los países con sueldos bajos una o varias partes de su cadena de producción y reduciendo de esta forma los costes globales. La especialización internacional se produce no sólo en los productos acabados, sino que cada vez más en sus componentes: la fabricación de un producto acabado se compone de varias operaciones que son realizadas o bien por subcontrataciones, o bien en unidades de producción de una misma empresa ubicadas en el extranjero (off-shoring). Los productos intermediarios constituyen de esta forma una parte creciente del comercio internacional. La desaparición del bloque soviético y la ampliación hacia el Este de la Unión Europea han ofrecido a las empresas de Europa Occidental nuevas posibilidades, por ejemplo en la construcción automóvil, en la que Eslovaquia se ha convertido en un productor muy importante.



