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Contenido
- 1.3.1. El cuadrado mágico del rendimiento de una moneda
- 1.3.2. El euro y las operaciones financieras
- 1.3.3. Los países europeos fuera de la zona euro
- 1.3.4. El Papel Internacional del Euro
- 1. El Euro
- 2. Las culturas socioeconómicas de la Unión Europea (UE)
- 3. Los valores y símbolos europeos
- 4. La UE en e Mundo
- 5. La ciudadanía europea
- 6. Diversidad cultural en la Unión Europea (UE)
- 7. Integración Política Europea
Preguntas de la búsqueda
Europa en pasar a ser- El rendimiento del euro
1.3.1. El cuadrado mágico del rendimiento de una moneda
1.3.1.1. Generalidades
1.3.1.1.1. ¿Cuáles eran las ventajas esperadas de la Unión Económica y Monetaria (UEM)?-
- Desaparición de los costes e incertidumbres vinculadas a los cambios y a las “devaluaciones competitivas” en el interior de la zona (véase Imagen 1a). Los Estados, considerados individualmente, ya no pueden seguir tratando de llevar a cabo una política económica y social a través de modificaciones en su tipo de interés de referencia de su moneda o a través de modificaciones en su tipo de cambio. Por consiguiente, ya no pueden devaluar su moneda para ganar partes de mercado a costa de los demás Estados o la esperanza de reevaluaciones debidas a la entrada de capitales en los países con una moneda fuerte.
- Final del “señorío” de los Estados. Por lo tanto, ya no les es posible reembolsar a sus acreedores en una moneda depreciada por la inflación. Pierden el privilegio de imprimir billetes para pagar sus deudas (art. 104.1 del Tratado de la Unión). El euro tenía que imponer a los poderes políticos una gestión más sana de sus finanzas, acelerando de esta forma el resurgimiento a largo plazo de las capacidades económicas europeas. Esta ventaja se debe sobre todo a la reducción de la inflación, la cual no es más que un subproducto de la adopción del euro.
- Creación de un importante mercado de los capitales en Europa. Reducción del coste medio del capital comparado a lo que sería sin el euro en la medida en que el BCE consigue que su política de control de la inflación* sea creíble y la posición del euro en los mercados internacionales.
- Traspaso más sencillo de los recursos hacia las zonas menos favorecidas en las que las inversiones a largo plazo ya no corren el riesgo de devaluaciones regulares y en las que las autoridades regionales y las empresas tienen directamente acceso al mercado europeo de los capitales.
- Aprovechamiento de las ventajas de un mercado único mediante la eliminación de una de las últimas barreras no aduaneras a la libre circulación de las personas y bienes, especialmente en el hecho de favorecer la transparencia de los precios.
- Reforzamiento de la posición de la economía europea en un mundo económico cada vez más globalizado.

Precio de una botella de Coca-Cola en los países de la zona euro
© Promeuro -Imagen 1.3.1 a
1.3.1.1.2. ¿Cuáles eran los riesgos de fracaso de la UEM?-
Antes de la puesta en circulación del euro, los riesgos de fracaso que más se mencionaban eran los siguientes:
- La ausencia de unión política y el mantenimiento bajo autoridad nacional de los asuntos económicos y sociales. La falta de coherencia entre las culturas económicas nacionales incompatible con una política monetaria común. Más concretamente, la incompatibilidad potencial entre tasas nacionales de inflación muy dispares y un tipo de interés de referencia común.
- El riesgo de un choque disimétrico* que afectaría a una zona con poca movilidad de mano de obra podría ocasionar en ella una situación desastrosa que el Estado en cuestión no podría corregir devaluando su moneda y que forzaría al BCE a adoptar medidas susceptibles de minar la estabilidad del euro en los mercados internacionales.
- Se consideraba en aquel entonces que una competencia económica más dinámica debido a la ampliación del espacio comercial a todo el continente podría constituir un riesgo que podría recalcar la marginalización de la capa social más curtida y crear bolsas de miseria en las regiones aisladas o con administraciones menos preparadas. En realidad ocurrió todo lo contrario, mostrando así el efecto benéfico de la competencia mejorada entre países y regiones para el conjunto de la UE.
- La política monetaria llevada a cabo por un banco central* inexperimentado podía o bien debilitar el euro y acarrear un incremento de los tipos de interés, o bien forzar una sobrestimación del euro, agravando así el paro, con el consecuente rechazo de la UEM. Persistían dudas en cuanto a la capacidad del BCE para proteger su independencia en relación con las presiones de un único país grande y para preservar los intereses colectivos del conjunto de los socios.
- Los bancos fragilizados por los costes elevados de transición y la pérdida de ingresos tradicionales de las comisiones de cambio podrían no soportar los efectos de una competencia exacerbada, especialmente con los bancos extranjeros, los cuales estaban más preparados a un mercado con dimensiones continentales y eran menos dependientes de las protecciones nacionales.
- A falta de un poder político federal europeo, cabía la posibilidad de que los objetivos monetarios de un BCE federalizado e independiente prevalecieran sobre las otras aspiraciones de los ciudadanos. Para el profesor Robert Cobbaut*, “cabe la posibilidad de que la lógica del operador financiero domine la del jefe de empresa «y» la patología de nuestra sociedad se convertiría en la disociación de la economía financiera de la economía real”. La independencia saludable del poder europeo podría entonces ser dominadora y nefasta.
- La predisposición de este riesgo era el no respeto a la nueva cultura de rigor presupuestario seguida por los gobiernos nacionales una vez que habían entrado en la UEM. Se consideraba ese riesgo tanto más real que las poblaciones nacionales no habían sido plenamente informadas de las implicaciones sociopolíticas del euro, especialmente en lo que se refiere a la necesidad de reducir el endeudamiento* público excesivo cuya carga se imputaba a las generaciones futuras. (véase “¿El naufragio del euro?”).
- Debido a la falta de apoyo popular del ecu, cabía temer la posibilidad de que la población en su mayoría rechazara el euro, considerándolo como excesivamente apremiante para una Europa con culturas tan diversas. Por lo general, se consideraba esa diversidad como un factor susceptible de contribuir al éxito de la unión: el éxito del
Münzverein* se atribuyó a la capacidad por parte de la Alemania federal a desarrollar las sinergias entre Länders con culturas diversas. Pero es necesario que haya un espíritu común, un sentimiento de pertenencia a una misma comunidad para apoyar una moneda común. Si este párrafo se inscribe en los riesgos y no en las oportunidades del euro, es porque las encuestas ponen de relieve que sólo para una minoría de europeos prima la ciudadanía europea sobre la ciudadanía nacional (véase capítulo sobre la ciudadanía europea). - El euro podría ser minado por las tendencias nacionalistas que se desarrollarían como respuesta a la evolución hacia una mayor integración política en Europa, evolución que naturalmente es requerida para la adopción del euro. El establecimiento, por etapas, de un Estado europeo o de un Estado supranacional —al que los euroescépticos llaman el “súper Estado”— podría bloquear el buen desarrollo del euro.
- Con el tiempo, el euro sería rechazado por los habitantes de los países con antiguas monedas “fuertes” como respuesta a una debilidad persistente.
Los euroescépticos consideraban que estos riesgos eran redhibitorios.
1.3.1.1.3. ¿Cuál es la importancia de la estabilidad monetaria interna como criterio de rendimiento de una política monetaria?-
De entre los cuatro criterios de rendimiento de una moneda (estabilidad interna, estabilidad externa, crecimiento económico y empleo; véase el apartado 1.6.), la estabilidad interna, esto es, el control de la inflación, es uno de los más importantes.
Sin una moneda estable, es decir, no desgastada por una inflación significativa, no se pueden mantener los demás objetivos de forma duradera. La estabilidad de los precios es necesaria para mantener el crecimiento a largo plazo de una economía, pues anima la inversión y asienta la credibilidad de los gestores de la economía. La inflación es la prueba de disfuncionamientos y de una falta de confianza en un sistema económico. También es la base del señorío* mediante el cual los gobiernos aplican políticas presupuestarias laxistas que les permiten pagar sus deudas con un coste unitario inferior al coste con el que han adquirido el ahorro de los ciudadanos.
A tasa de crecimiento igual, la inflación es también el impuesto más inicuo de todos, ya que el incremento de los precios afecta en primer lugar a los pobres, cuyos ingresos son aleatorios y por lo general destinados al consumo.
La importancia acordada a este criterio, considerado como objetivo prioritario del BCE en el Tratado de la Unión Europea, está pues justificada.
1.3.1.2. Estabilidad interna (inflación)
1.3.1.2.1. ¿Cuál ha sido la evolución del euro desde su puesta en circulación en 1999?-
En conjunto, la inflación se ha mantenido en un nivel satisfactorio en comparación con los niveles observados antes de la puesta en funcionamiento de la UEM en 1999. La tasa anual media de la zona euro era de 2,4 y 2,5 % respectivamente en el año 2000 y 2001, es decir, tan sólo 0,5 % por encima del límite fijado por el BCE (2 %).
El incremento de la inflación en 2000 y 2001 se atribuye a varios factores:- El incremento de los precios del petróleo, siempre cotizados en USD, y la caída del euro en los mercados de cambios;
- Un crecimiento relativamente rápido en el año 2000;
- La recuperación de los precios en los países pobres de la UE, que explica en gran medida las tasas elevadas en España, Portugal, Grecia e Irlanda;
- La armonización de los tipos de IVA (especialmente en los Países Bajos);
- La introducción del euro en algunos sectores como el turismo.
Por lo general, los países fuera de la zona euro también han tenido una inflación débil, especialmente en el Reino Unido en donde el Bank of England (BOE) tiene un objetivo similar al del BCE.

Imagen 1.3.1.b: Tasa de inflación en la zona euro
Imagen 1.3.1.c: Tasa de inflación media en la zona euro en comparación con otras zonas.
1.3.1.2.2. ¿Supuso la introducción del euro un incremento de los precios?-
El hecho anecdótico sugiere que los comerciantes se han aprovechado de la ignorancia momentánea del consumidor para incrementar los precios. Los sectores que han tenido un incremento inhabitual de los precios en diciembre de 2001 y enero de 2002 son, por ejemplo, los de la restauración y hostelería (HORECA) o los de la panadería. Sin embargo, los precios en las grandes superficies y los de los productos electrodomésticos han bajado. Para el conjunto de la zona euro, la inflación se aceleró en enero de 2002 (2,5 % para la UE en comparación con 1,9 % en diciembre de 2001). El aumento de enero parece estar ligada por 0,34 % al incremento del precio de las verduras debido al mal tiempo y al impuesto sobre el tabaco. Por 0,16 %, el incremento se debe a la introducción del euro fiduciario: algunas empresas han tratado de cubrir los costes de inversión relacionados con la introducción del euro aumentando los precios en el momento en que los consumidores estaban menos familiarizados con la nueva escala de valor. Se había constatado una evolución análoga cuando se introdujo la decimalización en el Reino Unido.
En febrero de 2002, la inflación de la zona euro volvió a caer a 2,1 %, sin producir un efecto significativo en las tasas anuales de inflación de la zona euro. Los países que tuvieron la inflación más fuerte fueron los Países Bajos (4,9 %), Grecia (4,8 %) y Portugal (3,7 %). Se observó la inflación más baja en el Reino Unido (1,6 %), Austria (2 %) y Luxemburgo (2,1 %), éste último habiendo tenido una inflación elevada importada desde 2003 hasta 2007 (véase tabla 1.3.1. b).
Estos aumentos momentáneos de los precios fueron progresivamente compensados por la eliminación de los costes relacionados con los gastos de cambio, por la competencia acrecentada entre abastecedores y por el control del BCE independiente.
Imagen de la Comisión sobre la percepción anecdótica y real de la inflación
www.finances.gouv.fr/fonds_documentaire/Prevision/dpae/pdf/2003-118-20.pdf
europa.eu/scadplus/leg/fr/lvb/l25058.htm
1.3.1.2.3. ¿Son compatibles las diferencias de las tasas de inflación de varios países con el euro?-
Una parte de la inflación constatada desde la puesta en circulación del euro es natural, y proviene del crecimiento acelerado en economías menos avanzadas (efecto Balassa-Samuelson), de las armonizaciones fiscales y de los ajustes en los tipos arbitrarios a los que fueron convertidas las monedas nacionales al euro. Estos efectos son transitorios o sin importancia siempre y cuando sólo compensen distorsiones anteriores, tales como los sueldos sistemáticamente más bajos en los países menos avanzados de la UE.
Sin embargo, otra parte de la inflación está relacionada con la política económica y con las trabas específicas nacionales. El país cuya inflación se mantiene sistemáticamente superior a la media de la zona euro perderá con el tiempo su competitividad en comparación con los competidores en un mismo mercado. En el pasado, dichas desviaciones se corregían a través de devaluaciones sucesivas, excluidas con el euro. Es pues importante que todo incremento excesivo de los precios sea provisional. Sólo Irlanda y España, dos países pobres con un crecimiento rápido, han tenido unas tasas de inflación sistemáticamente superiores a los demás Estados miembros de la zona euro. Dado que su crecimiento económico ha sido rápido, se puede considerar que este fenómeno no afecta (de momento) su competitividad. De todas formas, estas diferencias son mínimas en comparación con la situación anterior al euro, y la evolución de los índices indica una convergencia de las tasas hacia un nivel próximo al 2 %, el umbral admitido por el BCE.
1.3.1.2.4. ¿Es capaz el BCE de contener la inflación?-
El BCE le plantó cara a las exhortaciones de los ministros de Economía y Finanzas y de los operarios que le pedían que bajase su tipo de interés durante el periodo de disminución del crecimiento económico que afectó a la zona euro en 2001. Contrariamente a la Federal Reserve (FED) de Estados Unidos, el BCE ha mantenido un tipo de interés mucho más estable desde su creación.
Algunos observadores consideraron que el objetivo de una inflación que no superase el 2 % era severo, y que el BCE debería relajar su política monetaria para volver a lanzar la economía europea en caso de crisis. Consideraban que la política restrictiva del BCE estaba calcada de la Bundesbank, cuya sede se encuentra también en Frankfurt. En los años noventa se criticó a la Bundesbank por haber mantenido unos tipos de interés elevados sobre el DEM con el fin de atraer capitales a Alemania para financiar el desarrollo de la parte oriental del país. Dado que el DEM era la moneda de referencia en Europa, esos tipos de interés elevados originaron un encarecimiento de todas las monedas satélites.
Otros observadores recuerdan que el objetivo prioritario seguía siendo la conservación del valor intrínseco del euro y que las dificultades económicas tenían que ser resueltas por las autoridades competentes, esto es, los gobiernos nacionales cuya principal responsabilidad era precisamente eso. Temían que el BCE fuera el chivo expiatorio de aquellos que trataban de reforzar la autoridad de los poderes nacionales en el espacio económico europeo.
Algunos investigadores han demostrado que la política del BCE no había sido más severa que la de la Federal Reserve (FED) de Estados Unidos, dada la evolución de las tasas de crecimiento en cada uno de los dos espacios económicos, y dado que la conservación, en 2001, de los índices europeos superiores a los de la FED estaba justificada.
El análisis de los datos de estos primeros años de existencia demuestra que el BCE supo contener la inflación en un contexto favorecido por la globalización de la economía mundial y de las importaciones de bienes y servicios a precios competitivos provenientes de los países en vías de desarrollo, así como por la situación económica desfavorable que azotaba a Europa entre 2001 y 2005. La convergencia de las tasas de inflación de los nuevos países de la ampliación, de las de los países miembros de la zona euro y de los demás países miembros de la Unión que obtuvieron una cláusula de “opt out” del euro sugiere que el euro estabiliza el espacio monetario europeo. No obstante, aún no se ha demostrado la capacidad del BCE para contener la inflación de forma duradera en los periodos de crecimiento económico acelerado.
Algunos analistas han sugerido que el poder que tenían los bancos centrales para contener la inflación era menor de lo que hacían creer, y que era sobretodo la globalización la que hacía bajar los precios. Esta tesis supone que la inflación podría volver en el momento en que los países pobres exportadores tengan unas rentas superiores y ya no puedan ofrecer sus productos a precios bajos.
1.3.1.3. Estabilidad externa (tipo de cambio)
1.3.1.3.1. ¿Qué es una moneda “débil” o “fuerte”?-
Para responder a esta cuestión, hay que saber en relación con qué se mide la fuerza o debilidad de una moneda y su diferencia con una moneda “estable”.
Se considera una moneda “débil” aquella que se desvaloriza por debajo de la paridad del poder adquisitivo (PPA). Ofrece unas ventajas comerciales, mediante la disminución de su tipo de cambio en relación con las monedas de países terceros. Debilita la competitividad de sus empresas en relación con los competidores extranjeros, y por lo tanto sólo puede ser soportada por los países cuya competitividad es fuerte o está en aumento. Viene acompañada, por lo general, de una estabilidad de los precios (inflación débil). Es una moneda que mantiene su poder adquisitivo, su valor intrínseco sobre su territorio. Por ello la buscan los ahorradores. Un país con moneda “fuerte” atrae pues los capitales pese a los tipos de interés débiles que propone.
Salvo contadas excepciones, la fuerza de una moneda varía en función de la potencia económica que representa, el rigor de su gestión monetaria y económica, la sinergia entre los diversos sectores de la sociedad civil y la confianza que inspiran las autoridades políticas.

Evolución de los tipos de cambio al ecu.
© Promeuro - Imagen 1.3.1.d
En lo que se refiere al euro, la potencia de una economía europea unificada y el rigor de la política le confieren una fuerza superior a todas las monedas nacionales europeas, ya sean antiguas o actuales. Sin embargo, la falta de una gobernanza económica común y la persistencia de políticas presupuestarias deficitarias de varios de ellos han suscitado, y en algunos casos la siguen suscitando, una duda sobre la credibilidad del euro.
En un sistema monetario internacional competitivo en el que las monedas no están necesariamente alineadas en función de su PPA, no puede haber monedas “fuertes” sin monedas “débiles”, y por consiguiente, monedas dominantes y monedas dependientes, lo cual no es deseable. Cabe señalar que el Tratado de la Unión Europea no pide que el euro sea “fuerte”, sino “estable” en el marco de “una economía de mercado abierta a la libre competencia”. Ello implica por un lado un control eficaz de la inflación, y por otro, una cuenta corriente equilibrada de la balanza de pagos*.
Es difícil determinar la estabilidad del euro en un sistema monetario internacional caracterizado por desequilibrios persistentes, especialmente en la balance corriente de Estados Unidos y en la sobrestimación de la moneda china que ha prevalecido desde el año 2005 hasta el 2007.
Cabe recordar que las autoridades europeas nunca han tratado de sustituir el euro por el USD y que el curso de las monedas viene determinado por el mercado. El valor de las primeras unidades de cuenta europeas es igual o próximo al del dólar americano. Hoy por hoy, si el euro se convirtiera en un “antidólar”, podría frenar la expansión económica europea.
En definitiva, para ser estable a largo plazo, el valor del euro en los mercados internacionales debe reflejar el valor de la economía europea en relación con sus principales competidores en el mercado mundial. Sin embargo, el nivel de educación, la capacidad de trabajo, el ingenio y el sentido de la solidaridad de los europeos, además de su capacidad para estimular sinergias entre varios sectores de la sociedad, serán quienes determinen sus ganancias de productividad y la fuerza de su economía. Son pues ellos quienes harán la “estabilidad” de su moneda común. En una democracia, uno tiene la moneda que se merece.
“La moneda única se merece.”
JeanClaude Juncker*, Primer Ministro del gran ducado de Luxemburgo, “L'Écho de la Bourse”, 9 de octubre de 1995.
1.3.1.3.2. ¿Cuál ha sido la evolución del euro en los mercados de cambio internacionales?-
En el momento de la puesta en circulación del euro, pocos aspectos han recibido tanta publicidad como su caída inicial en los mercados de cambio en relación con el USD. El euro, que alcanzaba 1,18 USD por euro el 1 de enero de 1999, cayó hasta 0,82 USD por euro en junio de 2001 para fluctuar entre 0,86 et 0,99 USD por euro durante la primera mitad de 2002. Esta caída de aproximadamente 30 % confortaba a los comentaristas que veían en el euro una moneda débil y que dudaban de su credibilidad.
Desde 2001, por el contrario, el USD cayó en comparación con el euro que volvió a empezar un ciclo de crecimiento hasta superar los 1.3 USD en 2007. Si bien históricamente el USD y el euro fluctuaban en torno a la paridad, en 2007 se constata que el tipo de cambio USD/€ se estabiliza entre 1.25 y 1.35 sin que ello pueda constituir una indicación de su valor futuro. En esa situación es muy difícil distinguir la parte de ganancias de productividad vinculadas a la unificación europea y la gestión negligente del USD, especialmente en relación con el esfuerzo de guerra de Estados Unidos en Oriente Medio.
1.3.1.3.3. ¿Deben preocuparse los europeos del valor del euro en los mercados internacionales?-
La caída inicial del euro en relación con el USD fue bien recibida por los exportadores europeos que por ello se mostraban más competitivos en el mercado mundial. Adoptaron una actitud similar a la observada frecuentemente en Estados Unidos donde se mira con indiferencia la situación internacional del USD. En efecto, en Estados Unidos semejante actitud queda reflejada mediante las siguientes expresiones: “The problem of the USD is your problem” y “A dollar is a dollar”, que significan que son los demás quienes deben adaptarse al valor del USD y no al revés. Dado que sólo se exporta una pequeña parte del comercio europeo fuera de la zona euro, los comerciantes de dicha zona podrían en efecto considerar que la posición del euro frente a las otras monedas internacionales reviste un interés secundario. Semejante actitud hegemónica asimilada a la de la “Europa fortaleza” contrasta con la tradición europea de apertura y solidaridad en sus responsabilidades internacionales. Conviene por lo tanto tratar de minimizar las fluctuaciones del euro en relación con las principales monedas internacionales.
1.3.1.3.4. ¿Cuándo se puede afirmar que el euro está sobrestimado o subestimado?-
En 2001 y a comienzos de 2002, no cabe duda de que el euro estaba subestimado, especialmente debido a la cuenta corriente equilibrada o incluso positiva de la zona en relación con los déficits* permanentes de la cuenta de Estados Unidos. Sin embargo, la caída del euro en relación con el USD en el momento de su puesta en circulación era sin duda menos dramática de lo que a primera vista parecía. En primer lugar, el tipo de cambio del 1 de enero de 1999 de 1,18 USD por euro no era una buena referencia: el análisis del encadenamiento de las unidades de cuenta que antecedieron al euro revela que la paridad con el USD era una mejor referencia.
Además, el análisis de las variaciones de la relación del ECU que refleja la posición del conjunto de las monedas nacionales de la UE en relación al USD revela que dichas variaciones fueron mucho más amplias en el pasado (de 0,74 USD por ECU de media durante todo el año de 1985 a 1,32 USD por ECU) que con el euro. En el momento de la puesta en circulación del euro, el ECU se encontraba en una fase bajista pronunciada en relación con el USD. El euro no hizo más que seguir la tendencia marcada por el conjunto de monedas europeas antes de su lanzamiento.
Por lo general, la caída inicial del euro en relación con el USD derivaba del seguimiento de tendencias anteriores. Se puede incluso afirmar que la creación del euro favoreció su caída en relación con el USD por las siguientes razones:- La economía de Estados Unidos tenía un crecimiento económico más rápido que en Europa; se atraían los capitales internacionales hacia Estados Unidos con la esperanza de un mayor rendimiento;
- la creación de un gran mercado de capitales en Europa permitió a las multinacionales emprestar importes más elevados y con menos gastos para invertir o adquirir empresas de Estados Unidos en USD que compraban con más facilidad que en el pasado;
- los tipos de interés a corto plazo fueron más elevados en Estados Unidos hasta 2001;
- el euro privaba a los inversores europeos de la diversificación monetaria que les aseguraba las monedas nacionales; la diversificación de sus haberes en euro con USD constituía una estrategia lógica.
No obstante, estas condiciones ya no eran válidas en 2002 y por lo tanto ya no se podía explicar la persistencia de la debilidad del euro más que por la incertidumbre existente en cuanto a la gestión política y económica de la zona euro. La remontada posterior del tipo de cambio del euro en relación con el USD estaba por lo tanto prevista. Sin embargo, uno puede sorprenderse de no ver el USD bajar más deprisa, en primer lugar debido al gran desequilibrio comercial y a la deuda de intereses creciente en Estados Unidos, y también por el hecho de que la relación entre los tipos de interés a corto plazo del USD y del euro favorecería —como siempre había sido el caso anteriormente— la remontada del USD en relación con el euro.

Evolución de los tipos de cambio a corto plazo del euro en relación con otras divisas
© Promeuro - Imagen 1.3.1.e
1.3.1.3.5. ¿Debería gestionar el BCE el tipo de cambio del euro?-
Periódicamente, los medios de comunicación se hacen eco de los discursos formulados por las autoridades políticas que manifiestan su deseo de ver el BCE intervenir con el fin de evitar un incremento del euro en los mercados internacionales que perjudica a los exportadores, y más concretamente, a la industria aeronáutica europea que sufre la competencia de productores de Estados Unidos cuyos costes y precios de venta están expresados en USD.
Robert Mundell*, premio Nobel de economía en 1999 y padre de la teoría de las zonas monetarias, recomendaba una gestión concertada de las grandes monedas internacionales —USD, euro y yen— por sus bancos centrales. Otros consideraban que en un sistema de tipos flotantes, el tipo de cambio de las monedas era el resultado de las fuerzas del mercado y que sería mejor no interferir. Lo importante es que las intervenciones necesarias serían sin duda desmedidas y crearían importantes liquideces que habría que congelar.
En lo que se refiere al euro, sólo la elección del régimen de cambio —flotante o no— compete a los miembros del Grupo Euro. Pero dado que no pueden tomar una decisión sin informar a sus compañeros de la UE en el seno del ECOFIN en donde las opiniones están divididas, es difícil imaginar cómo la estabilidad externa del euro podría ser gestionada más que a través de políticas presupuestarias. De por sus estatutos, el BCE tiene la obligación de fijar el tipo de interés de referencia del euro en función de la estabilidad interna de los precios y tendrá tendencia a favorecer los tipos de interés que mantengan el euro en un nivel suficiente para reducir el impacto de los precios de los productos y servicios importados (especialmente los precios del petróleo expresados en USD) en la inflación de la zona euro.
Al principio, se había previsto que el tipo de cambio USD/€ fluctuaría en unos márgenes inferiores con respecto a aquellos observados entre el USD y el ecu, aproximadamente 15 eurocent en torno a la paridad. La evolución de los tipos de cambio desde 2002 revela que no es el caso.
1.3.1.4. Crecimiento económico
1.3.1.4.1. ¿Se puede medir el impacto del euro sobre el crecimiento económico?-
En 1999, el euro eliminaba uno de los últimos obstáculos no aduaneros al pleno desarrollo del mercado único: el riesgo de cambio entre monedas de los países miembros de la UEM. El euro escriturario permitía entonces, tanto a los comerciantes como a los consumidores, simplificar la gestión de las cuentas y la comparación de los precios, para una parte significativa de los pagos que se realizaban por transferencia, cheque o tarjeta de crédito. El análisis de las costumbres de consumo en las zonas situadas a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y Canadá demuestra que el inconveniente vinculado al cambio de moneda tiene el mismo efecto disuasorio sobre el consumidor que si tuviese que recorrer más de 100 km para alcanzar el punto de venta. El establecimiento del euro tenía que dar un impulso mayor a la economía europea. Es lo que se conoce como el “efecto euro”.
Los siete primeros años constituyen une breve periodo para que una política monetaria destinada a asegurar un crecimiento sostenible tenga un efecto sobre los dos componentes “crecimiento económico” y “empleo”, más aún si se tiene en cuenta que el euro a penas se utilizó en el comercio durante el periodo de transición de 1999 hasta 2002. Una mayoría de empresas declaraban en 1999 que facturaban en euros o en dos monedas, pero se quejaban de que sus proveedores no hicieran lo mismo. Esto demuestra que más allá de las declaraciones de intenciones, el euro fue poco utilizado en el comercio antes de la puesta en circulación del euro fiduciario. Las pequeñas y medianas empresas operaban sobre todo en monedas nacionales. En abril de 1999, menos del 20 % de las empresas llevaban su contabilidad en euros: Austria, Finlandia, Francia y Luxemburgo eran los países más avanzados, con un 30 %. Hasta finales de 2001, pocas empresas utilizaron el euro en sus operaciones internas, como por ejemplo en el pago de los sueldos. Esta dificultad estaba acentuada por el rechazo de la población a la utilización del euro (menos del 5 % de los ciudadanos habían libremente convertido sus cuentas bancarias en euros antes del cambio automático de los bancos en noviembre de 2001) y por la persistencia de gastos elevados sobre los pagos internacionales en euros.
1.3.1.4.2. ¿Cuál ha sido el rendimiento económico de la zona euro de 2002 a 2007?-
En el año 2000, el producto interior bruto (PIB) de la zona euro creció con una tasa anual de 3,4 %, un incremento significativo en relación con el 2,7 % de 1999. Más tarde, el crecimiento de la zona euro volvió a caer por debajo del 2 % en 2001 y por debajo de 1 % en 2002 y 2003, debido a la crisis económica mundial. Estas tasas son inferiores a lo que se estima como norma para los países industrializados: 2,5 à 3 %. Por lo tanto, a partir del año 2000 ya no se produjo el “efecto euro”.
El rendimiento económico de la zona euro estuvo fuertemente influenciado por el rendimiento de Alemania, su economía más importante, que sufría de un escaso crecimiento en Alemania oriental, de
ajustes estructurales* insuficientes antes de su entrada en la UEM y de una tasa de conversión de entrada en el euro quizás un tanto elevada en relación con su competitividad económica de entonces.
Sin embargo, cabe destacar que debido al “catching-up o recuperación” el crecimiento de países pobres como Irlanda, España, Portugal y Grecia superó durante varios años consecutivos el 3 %. El euro no es pues una causa de agravación de la disparidad económica entre los países pobres y países ricos de la zona euro. La renta per capita de Irlanda supera la media de la Unión y la de varios países grandes como el Reino Unido y Francia.
Evolución del PIB (variación en %) de los países de la zona euro desde 1961 hasta 2008
Promeuro - Imagen 1.3.1.f & g.
1.3.1.4.3. ¿Qué significado tienen las tasas de crecimiento débiles en la zona euro en relación con las demás potencias económicas mundiales?-
En el periodo que se extiende de 1994 a 2005, el crecimiento anual del PIB en la zona euro ha sido sistemáticamente más débil que en los demás países de la Unión, y que en los grandes bloques económicos mundiales.
Dichas tasas son decepcionantes: en periodo de crecimiento rápido, son inferiores a las de los países que no están en la zona euro: en los años 2000 y 2001, el crecimiento del Reino Unido era respectivamente de 3 % y 2,3 %, en Dinamarca de 2,9 % y 1,3 %, en Suecia de 0,7 y 3,2 %.
En Estados Unidos, el crecimiento ha estado durante cuatro años consecutivos (1996-2000) en torno al 4 % para caer solamente en 2001 a 0,8 % y remontar inmediatamente. Incluso en el momento en que Europa tendría que haber conocido un crecimiento excepcional, en la zona euro seguía siendo inferior al crecimiento de Estados Unidos, y por supuesto, al de la India y China. Europa se “subdesarrolló” en relación con Estados Unidos, puesto que la renta media de los europeos de la zona euro había vuelto a caer al nivel relativo de los años sesenta en relación con la de los estadounidenses.
Las restricciones impuestas por el respeto de los criterios de convergencia habían sido aceptadas por los ciudadanos experimentados ante la perspectiva de un crecimiento económico acelerado una vez que el euro entró en vigor. Dicha perspectiva no se cumplió, lo cual explica buena parte de la decepción general de los ciudadanos con Europa. Manifiestamente, el euro no constituye el último obstáculo para la realización del mercado único.
La situación se enderezó en 2006 y 2007, pero el rendimiento de la zona euro permaneció inferior al de la UE, y esta evolución es demasiado reciente como para poder sacar conclusiones a largo plazo. Se puede considerar que las aperturas progresivas de los mercados, el papel internacional creciente que desempeña el euro y su adopción progresiva por parte de nuevos países miembros con un crecimiento rápido permitirán incrementar la tasa de crecimiento económico en la zona euro.

Evolución del PIB per cápita en la UE (de 1995 a 2008)
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Evolución del PIB per cápita en la UE (1995-2007) comparada con las demás potencias económicas.
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1.3.1.5. Empleo y balance general
1.3.1.5.1. ¿Cuál ha sido la evolución del empleo en la zona euro desde 1999?-
El desempleo era especialmente elevado en la zona euro antes de enero de 1999. Superaba el 10 % tras el efecto conjugado de la crisis económica en Europa durante la segunda mitad de los años noventa y la aplicación de políticas deflacionistas impuestas por respeto a los criterios de convergencia. Se situó por encima del 8 % hasta 2005.
Las previsiones de finales de 2006 estimaban, para la zona euro, una disminución de la tasa de paro de hasta el 7,4 % en 2008. En la zona euro, la reducción de la tasa de desempleo fue especialmente espectacular en España, Finlandia e Irlanda. La tasa de paro que tanto había bajado en Portugal hasta 2001 volvió a encontrar en 2006 su nivel inicial de más de 7 %.
No obstante, la tasa media de desempleo sigue siendo superior en la zona euro que en los países fuera de la zona euro. No se puede pues concluir que el euro ha reducido el desempleo a menos que la estabilidad del euro haya contribuido a un crecimiento general de la UE. Las tasas de desempleo en la UE siguen siendo superiores que en Estados Unidos y en Japón.
1.3.1.5.2. ¿No desfavorece la moneda única el empleo?-
Es difícil aislar el efecto euro del empleo y de verificar el papel que podría desempeñar el euro ante la persistencia de un desempleo excesivo en la zona de la UEM. Sin embargo, las deslocalizaciones, los cierres de empresas relacionados con la competencia internacional creciente y las restricciones presupuestarias que ya no permiten financiar los déficits de empresas estatales tradicionalmente proveedoras de empleos artificiales llevan al gran público a hacer responsable a Europa de esta situación.
Estabilidad del euro y mercado del empleo
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La desaparición de las operaciones de cambio entre Estados miembros de la UEM y la consiguiente competencia creciente podrían efectivamente conllevar, en un primer momento, pérdidas de empleo, pero se considera que ese efecto es marginal. Además, la moneda única no elimina las rigideces estructurales, especialmente aquellas vinculadas a las intervenciones persistentes por parte de las administraciones nacionales y aquellas inherentes al mercado de trabajo protegido que explica una parte importante de la tasa elevada del paro sobre el continente europeo. Sin embargo, la eliminación de los riesgos de cambio, así como la gran estabilidad del euro y del sistema monetario internacional favorecen la reanudación de la actividad económica en Europa y la creación de empleos, evolución que se vería reforzada por una conducta mejor coordinada de las políticas económicas y por el final del periodo de incertidumbre institucional vinculado a la no ratificación del Tratado Constitucional.

Evolución de la tasa de desempleo en la zona euro de 1990 a 2008
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Evolución de la tasa de desempleo en los grandes grupos de países de 1990 a 2008.
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“La moneda [...] también es [...] el instrumento más poderoso de la política económica, que determina en gran medida toda la evolución económica y social. Y en ese papel, la moneda puede ser, al igual que la lengua de Esopo, la mejor o la peor de las cosas.”
F. Bilger*, “¿Son realistas los criterios de Maastricht?” (1995).
1.3.1.5.3. ¿Qué conclusión se puede sacar?-
En conjunto, se puede concluir que el euro ha tenido un efecto saludable en relación con dos criterios de estabilidad: la inflación parece controlada y el euro ha tenido efectos beneficiosos manifiestos en lo que se refiere a la estabilidad del sistema monetario internacional. La coordinación eficaz del BCE junto con los demás grandes bancos centrales mundiales tras la catástrofe del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos es una prueba de ello. Si la tasa de inflación del euro en relación con el USD no se ha mantenido en el abanico de aproximadamente 15 % en torno a la paridad, se debe mucho más a la política exterior de Estados Unidos que a la conducta de la política monetaria y presupuestaria europea.
En términos de crecimiento económico y de empleo, el rendimiento de la zona euro ha sido decepcionante durante bastante tiempo, y tan sólo empezó a mejorar a partir de 2006, aunque seguía siendo inferior al rendimiento de otros antiguos países de la UE. Se trata aquí de puntos que no atañen directamente a las autoridades europeas sino más bien a gobiernos nacionales. Hasta que los marcos legal, financiero y administrativo no se hayan establecido de conformidad con las exigencias económicas del Mercado Único, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas, este Mercado seguirá siendo un sueño y no una realidad, y el euro no podrá mostrar todo su potencial.
Es obvio que el euro no es el fin, sino solo una etapa, en verdad capital, para la construcción europea.
“El euro es un revelador extraordinario de las insuficiencias residuales de la construcción europea”
Pierre Werner* en la asamblea general de PROMEURO en junio de 1999.


