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Desarrollo del euro - 1. Del Euro
1.1. Nociones básicas - El Euro
1.1.1. ¿Qué es una moneda?-
Según Aristóteles, para que una “moneda” sea aceptada como tal, debe ser a la vez unidad de cuenta*, reserva de valores* y forma de pago*.
Existen dos clases de monedas:- La moneda fiduciaria*, representada por las monedas y billetes de banco. Su valor se sustenta en la confianza en el emisor, por lo general un banco central*;
- La moneda escrituraria* o moneda contable utilizada para las trasferencias de cuenta a cuenta mediante un simple juego de escritura: órdenes de transferencias, cheques, tarjetas de crédito, etc. Se trata de una moneda exigible a corto plazo.
Es necesario que una moneda cuente con el apoyo de una red financiera eficiente y que tenga un prestador en última instancia*, esto es, un banco central que garantice su valor.
1.1.2. ¿Qué es el Sistema Monetario Internacional?-
Los cambios monetarios internacionales se realizan en función de lo que se denomina mercado de cambios, que es universal y permanente. Universal porque sólo hay un único precio aplicable a cada moneda, y permanente porque gracias a los husos horarios, siempre se puede encontrar un mercado abierto. Los tipos de cambio toman en cuenta los tipos de interés aplicables a las monedas en cuestión.
Sólo las monedas convertibles, llamadas “divisas*” son negociables libremente en el mercado internacional. Las demás, en particular las de numerosos países en vías de desarrollo, sólo son negociadas con el acuerdo de los países concernidos.
El Sistema Monetario Internacional ha tenido varios regímenes. En el sistema de cambio llamado “patrón-oro”, el tipo de cambio de las divisas está fijado por su equivalente en oro. Este sistema estuvo en funcionamiento hasta la primera guerra mundial.
Fue reemplazado por el sistema “cambio-oro” en el que algunas monedas clave desempeñaban la misma función que el oro en el sentido de que se aseguraba que contaban con el apoyo de suficientes reservas de oro. Este sistema fue consagrado en la conferencia de Génova, en 1922; la moneda internacional de referencia en aquel entonces era la libra esterlina (GBP). El sistema se derrumbó como consecuencia de la gran crisis de 1929 y del descolgamiento de la GBP respecto al oro en 1934. Este período puso de manifiesto la necesidad de una mayor cooperación internacional y tuvo como resultado la creación del Banco de Ajustes Internacionales (BRI) cuya sede se encuentra en Basilea.
En 1944, la conferencia de
Bretton Woods* consagró el dólar americano (USD) como moneda clave del Sistema Monetario Internacional basado en el cambio oro en el que cualquier divisa podía ser indistintamente cambiada en USD o en oro. El USD lo era con un tipo de 0,888 gramos de oro fino por un USD.

Los acuerdos de Bretton Woods (foto, ndr)El sistema contaba con el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI), guardián de las paridades* fijas, y del Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, más conocido hoy en día con el nombre de “Banco Mundial” que regulaba las cuestiones financieras destinadas a reducir las disparidades de renta entre los países miembros mediante la ayuda a la reconstrucción y al desarrollo. En el sistema de Bretton Woods, los tipos de cambio entre las monedas son fijos: el tipo central de cambio tiene que ser declarado al FMI y los cambios están situados bajo control. Solamente se hizo efectivo hacia 1960, cuando los grandes países industrializados aceptaron sus principios.
La búsqueda de una moneda mundial dio lugar a la creación, en 1969, de una moneda cesta: los derechos especiales de giro (DTS).
El sistema de Bretton Woods se derrumbó en 1971, tras el desarrollo de un nuevo polo económico en Europa y de la persistencia de los déficits de la cuenta corriente de Estados Unidos con su política presupuestaria laxista, principalmente como consecuencia de los gastos derivados de la guerra de Vietnam. Una vez más, el Sistema Monetario Internacional se derrumbaba con motivo del uso de una moneda nacional (USD) como moneda de referencia internacional.
El economista
Robert Triffin* considera que los desórdenes monetarios del siglo XX son ampliamente imputables al uso de monedas nacionales como moneda internacional.

fotografía de
Robert Triffinreferencia: cepa.newschool.edu/het/profiles/triffin.htm
Con el fin de adaptar el Sistema Monetario Internacional a las realidades económicas, se entró en el régimen de tipos flotantes. Cualquier referencia al oro fue eliminada, incluso en los estatutos revisados del FMI, y los tipos de cambio flotan en función de las realidades del mercado. La diferencia entre los tipos compradores y vendedores de divisas refleja el riesgo de cambio. Rápidamente, en 1972, se buscaron para Europa medios para limitar tales riesgos, especialmente mediante la creación de “serpientes” o “túneles” monetarios en el seno de entidades económicas más o menos homogéneas.
1.1.3. ¿Qué es una unión monetaria?-
Emitir moneda ha sido siempre un derecho de regalía*, reservado exclusivamente a los dirigentes de los territorios independientes (condados, ciudades, más tarde Estados)
Por lo general, las relaciones monetarias entre Estados pueden clasificarse según tres regímenes: tipos de cambio fijos (están inmovilizados en márgenes estrechos), tipos de cambio flotantes (el mercado decide los tipos que flotan libremente) o unión monetaria.
En comparación con el régimen de tipos flotantes, el de los tipos fijos supone un esfuerzo de convergencia entre las políticas económicas y monetarias de los países participantes. A falta de un equilibrio entre las economías participantes, las autoridades monetarias hacen variar los tipos de interés aplicados a su moneda.
Una unión monetaria implica una sola política monetaria, y especialmente un sólo tipo de interés de referencia. En función de las circunstancias –políticas, económicas u otras– se puede tener o bien una moneda común, paralelamente a las monedas nacionales, o bien una moneda única que reemplace esas monedas.
1.1.4. ¿Por qué hacer una unión monetaria?-
La moneda es el denominador común de las transacciones comerciales (ventas y compras). Una transacción en el interior de un mismo país se realiza en la moneda nacional, común al vendedor y al comprador. En una transacción internacional –importación y exportación– el vendedor y el comprador trabajan habitualmente con monedas diferentes. El resultado es una falta de comprensión (transparencia) de los precios y un riesgo de cambio. Cuando las transacciones internacionales representan una parte importante de los ingresos de un país, éste tiene interés en utilizar una moneda común con sus socios. En 1997, en la Unión Europea (UE), más del 60 % de las transacciones internacionales fueron facturadas en dólares (USD).
En el ámbito internacional, la experiencia demuestra que la utilización de una moneda de un país como ancla del Sistema Monetario Internacional no garantiza la estabilidad a largo plazo. Tarde o temprano, los intereses particulares del país en cuestión priman sobre los intereses de la comunidad internacional. Por esta razón, una unión monetaria entre varios países independientes, además, reduce este riesgo y garantiza una mayor estabilidad. El euro eliminará progresivamente el riesgo derivado de la utilización actual del USD en una gran parte de los intercambios comerciales con la Unión y dentro de ella. Constituye un ejemplo de la forma de establecer una moneda común entre países de una misma civilización. Una política monetaria única permite responder a una crisis económica o financiera exterior de manera más eficaz.
Otras fotografías, imágenes, videoclip de la antigua introducción
1.1.5. ¿Por qué una moneda única en Europa?-
La Unión Europea ha creado un mercado único sin barreras comerciales o financieras. Los disfuncionamientos relacionados con la persistencia de monedas nacionales ponían en peligro la perennidad de ese mercado único. Dichos disfuncionamientos provenían principalmente de la combinación de la libre circulación de bienes y de capitales por una parte, y de la coexistencia de monedas “fuertes” y “débiles” por otra. Unas políticas monetarias y económicas divergentes, asociadas a diferencias sensibles y persistentes en los tasas de inflación, impidieron a las empresas planificar sus actividades y beneficiarse plenamente de las ventajas del mercado único. De este modo, por ejemplo, los esfuerzos desplegados en 1990-1993 por el Reino Unido para dominar su inflación* produjeron una sobrestimación de la libra esterlina (GBP) y una profunda recesión, mientras que el resto de la Unión se beneficiaba momentáneamente de las recaídas económicas como consecuencia de la caída del telón de acero. Las divergencias de políticas económicas y monetarias nacionales sostenidas por monedas nacionales autónomas eran incompatibles con un mercado único. La unión monetaria es pues necesaria para el desarrollo armonioso de Europa.
El pasado ha demostrado que en Europa un sistema monetario basado en las monedas nacionales, con un control de cambios, no permite garantizar un equilibrio duradero y genera distorsiones económicas entre los países. La persistencia de la crisis económica en Europa durante los años noventa y la gravedad de la crisis financiera de 1992 y 1993 son prueba de ello. La moneda única implica una coordinación económica acrecentada, lo que explica la importancia de la “E” (económica) en la Unión Económica y Monetaria “UEM”.
La supresión de fluctuaciones de cambio en Europa y la emergencia de una moneda europea son la causa de una modificación fundamental de las relaciones monetarias mundiales, que en el futuro sólo se sustentarán sobre tres o cuatro monedas internacionales: el dólar, el yen, el euro y, muy probablemente, el yuan chino.
La moneda única tiene que permitir la realización plena del potencial del mercado único europeo y favorecer el desarrollo económico de la Unión gracias, principalmente, a una mayor transparencia de los precios y a la supresión de distorsiones debidas al riesgo de cambio entre monedas nacionales y gastos bancarios inútiles. El comercio en el mercado único se efectuaba al 40 % en 2001, dos años después de la creación del euro, entre dos Estados o más y ese índice creció al ritmo de 1 % al año. Al ser la moneda el denominador común de las transacciones comerciales, es pues coherente no tener más que una moneda en la Unión Europea. Es el complemento lógico de la libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios en el mercado único.
La moneda única implica también una disciplina monetaria y presupuestaria sana que asegure a la vez una estabilidad de los precios, una ausencia de devaluaciones/sobrestimaciones competitivas entre miembros de la UEM y la obtención de tipos de interés reales estables y bajos favorables al desarrollo del crecimiento y del empleo.
Variaciones a corto plazo de los tipos de cambio de las monedas de la Unión en relación con el ecu
© Promeuro –Imagen 1.1. a
Europa se encuentra así en condiciones de adquirir un estatuto político realmente internacional. Demostración por el absurdo: ¿Cuál sería la importancia de los Estados Unidos si existiese un dólar de Texas, un dólar de Alabama, un dólar de Oregón, etc.? Ciertamente, no gozarían de las ventajas de una divisa mundial como las del USD. Con el euro, Europa tiene su unidad de cuenta, su reserva de valor y su forma de pago común.
1.1.6. ¿Cómo se mide el éxito de una política monetaria?-
(Inspirado en François Bilger, “¿Son realistas los criterios de Maastricht?” 1995.)
Una política monetaria sólo es duradera si satisface al menos cuatro criterios aún denominados “las cuatro esquinas del cuadrado mágico”. Debe asegurar:- la estabilidad interna: las tasas de inflación o el aumento de los precios deben permanecer débiles. Una moneda estable es considerada como una condición necesaria para un crecimiento sostenible. El Banco Central tiene la misión de mantener el valor intrínsico de su moneda. Es por ello que generalmente debe permanecer independiente del poder político más inclinado a satisfacer las aspiraciones inmediatas de los electores, algunas veces a costa de los objetivos a largo plazo de la sociedad;
- la estabilidad externa o estabilidad de la moneda sobre los mercados de cambio, teniendo sobre todo una cuenta corriente de la
balanza de pagos* neutra o positiva. Esa cuenta mide los flujos de los intercambios de la zona monetaria con sus socios internacionales. Si es sistemáticamente neutra o positiva, ello significa que la zona conserva sus reservas monetarias; si es sistemáticamente negativa, significa que una parte creciente de la moneda está detentada por el extranjero o que las reservas se agotan. El objetivo es mantener a largo plazo la estabilidad de los tipos de cambio de la moneda con la (o las) moneda (s) de referencia internacional –hoy el euro, el USD y el JPY– para favorecer la estabilidad del Sistema Monetario Internacional y los intercambios comerciales internacionales;
- el crecimiento económico que genera el aumento de los ingresos. Puede estar influenciado por la bajada o la subida de los tipos de interés de referencia o redescuento y de las
liquideces* puestas en circulación por el Banco Central y los tipos de cambio;
- el empleo, que proporciona la base social a la política monetaria. Está ampliamente determinado por el crecimiento económico y el régimen fiscal.
Los dos primeros factores son especialmente competencia de las autoridades monetarias, los dos últimos son competencia de las autoridades económicas. Sin poner en duda la independencia del Banco Central, responsable de la política monetaria y de la estabilidad de la moneda, condición necesaria para el mantenimiento del potencial de crecimiento económico, es pues necesaria una cooperación entre las autoridades monetarias y económicas para garantizar el respeto de los cuatro criterios.
1.1.7. ¿Qué países han participado en la construcción de la Unión Europea?-
La construcción de la Unión Europea comenzó con el Tratado de París, firmado el 18 de abril de 1951 y en vigor el 23 de julio de 1952, estableciendo la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) entre Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y la República Federal Alemana.

Ayuda Vídeo: Los padres fundadores de Europa
En 1954, la integración europea sufrió un grave fracaso: por una mayoría de un solo voto, el parlamento francés rechaza la creación de la Comunidad Europea de Defensa (CED) que ponía en marcha la Europa política entre esos 6 países.
Esos mismos países participaron en la Comunidad Económica Europea (CEE) –o Mercado Común– y en la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o Euratom) instituidas por los Tratados de Roma, firmados en marzo de 1957 y que entraron en vigor el 1 de enero de 1958. El Reino Unido, Dinamarca e Irlanda se adhirieron a la CEE en 1973; les siguieron en 1981 Grecia, en 1986 España y Portugal, en 1995 Austria, Finlandia y Suecia. El 1 de mayo de 2004, Chipre, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia se adhieren a la Unión Europea. En 2005, varios países eran candidatos a la adhesión en la UE: Bulgaria, Rumanía, Turquía y Croacia.
Por referendo, Noruega y Suiza rechazaron su adhesión a la UE, respectivamente el 25 de septiembre de 1972 (no: 53,5 %) y el 4 de marzo de 2001 (no: 78 %).
Islandia, convertida en autónoma en 1904 y finalmente proclamada reino independiente en 1918 gracias al acta de unión con Dinamarca, tiene un estatuto especial.
Groenlandia es un territorio administrativamente incorporado a Dinamarca pero que goza de gran autonomía desde 1978. En 1982, sus habitantes, por referendo, decidieron dejar de formar parte de la Unión Europea.
Mapa de Europa
© Promeuro – Imagen 1b
Los acuerdos de Schengen tienen como objetivo la supresión de los controles de las personas en las fronteras comunes entre Estados y el reforzamiento de la cooperación policial, aduanera y judicial. Los del 14 de junio de 1985 y del 19 de junio de 1990 fueron firmados por quince Estados europeos: Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Italia, Grecia, España, Portugal, Dinamarca, Austria, Suecia, Finlandia, Noruega e Islandia. Los cinco países de la Unión Nórdica de Pasaportes (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega e Islandia) entraron en el espacio Shengen el 25 de marzo de 2001. En virtud del Tratado de Ámsterdam, el Reino Unido e Irlanda tienen la posibilidad de unirse a esos países; finalmente, los países que se han unido a la Unión Europea en 2004 deberán aplicar el acerbo de Shengen en el momento de su adhesión.
1.1.8. ¿Es el euro el resultado de la construcción europea?-
Walter Hallstein*, el primer presidente de la Comisión Económica Europea (CEE) instituida por el Tratado de Roma en 1957, declaraba en 1958 que Europa se construiría en tres fases: la primera consistiría en la construcción de una comunidad económica, la segunda tendría por resultado una moneda única y la tercera sería política y conduciría a un Estado europeo.

Fotografía Walter Hallstein
El euro fue puesto en circulación con la perspectiva de constituir la piedra angular de la integración económica y monetaria de la Unión Europea. La libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales en el seno de un mercado único implicaba inevitablemente la utilización de una moneda única.
La creación del mercado único, del Espacio Shengen y del euro facilita ampliamente esta libre circulación, pero sus ventajas siguen siendo limitadas debido a la falta de armonización de los regímenes fiscales, de los sistemas jurídicos y de la protección social, de los mercados financieros así como de los procedimientos administrativos nacionales. Eliminar estos últimos obstáculos requiere una adhesión de los ciudadanos a las profundas reformas aún necesarias.
Con el euro desaparece una de las barreras no arancelarias entre los países de la Unión Europea que forman parte de la “zona euro”. Pero su creación no es más que una fase de un amplio plan. Más que el resultado de un proceso, el euro es el revelador de los futuros desafíos de la construcción europea.
“Los mejores europeos no son aquellos con las ideas más bellas o generosas, que se desaniman cuando no se realizan. Los buenos europeos son aquellos que saben identificar las dificultades, tratan de resolverlas y nunca se desaniman”
Paul-Henri Spaak*, antiguo Primer Ministro de Bélgica.



